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Una familia sumida en el horror de los carteles mexicanos

El cartel de Sinaloa, que controla parte de la migración irregular de México a Estados Unidos, está ahora muy activo en la frontera canadiense. Una familia colombiana, que llegó a este país tras vivir el horror a manos de este grupo criminal, dio su testimonio al programa de Radio Canadá, Enquête.

Des migrants traversent un cours d'eau à la frontière américaine.

Migrantes cruzando un río en la frontera estadounidense.

Foto: Reuters / JOSE LUIS GONZALEZ

RCI

Camilo sólo tiene 4 años, pero soporta, con una fuerza desarmante, los intensos dolores provocados por un tumor que se le ha desarrollado recientemente en el cuello. El tumor sigue creciendo, al igual que las preocupaciones de sus padres, Alex y Daniela.

En diciembre de 2022, esta familia colombiana llegó a Canadá para solicitar refugio, tras un viaje plagado de peligros. Tuvieron que vérselas con grupos criminales cada vez más activos en las fronteras y en el tráfico de personas, hasta el norte del continente, como reveló recientemente Enquête.

La vida de estos migrantes, cuyos nombres hemos cambiado para garantizar su protección, nunca ha sido fácil, ni siquiera antes de su viaje. La violencia nunca ha dejado de llamar a su puerta.

El comienzo de la odisea

Alex y Daniela nacieron en Buenaventura, una ciudad colombiana de la costa del Pacífico que alberga el mayor puerto marítimo del país. Antaño considerada un centro turístico, ahora se encuentra en el centro de una guerra por el control de las rutas de la cocaína que hace estragos en esta región afrocolombiana.

Aún no estaban juntos cuando Alex, amenazado por una organización criminal, tuvo que esconderse en Chile. Unos meses más tarde, le tocó a Daniela buscar refugio allí, también amenazada por los criminales. Fue al llegar a Chile cuando conoció a Alex y formó una familia con él. De esta unión nacieron Camilo y su hermanita Amara.

Todo iba bien hasta que los criminales colombianos llegaron a Chile. Un día, después de su jornada de trabajo, Alex fue a tomar un café con unos amigos. Llegaron miembros de una banda colombiana y provocaron un violento altercado. Alex recibió una gran paliza y perdió un ojo. La familia tuvo que huir de nuevo por su seguridad.

Tras ver el reporte que mostraba la llegada masiva de inmigrantes a Canadá a través del camino Roxham, decidió dirigirse a Canadá. Era julio de 2022.

Des migrants traversent le Rio Grande.

La familia habla de su viaje de Chile a Canadá (en francés)

Foto: Reuters / DANIEL BECERRIL

Corrupción y códigos secretos

Siguiendo los consejos de otros migrantes y amigos que ya estaban aquí o en Estados Unidos, Alex, Daniela y sus hijos tomaron un vuelo a Cancún. Una vez en México, subieron a un autobús para dirigirse al norte, a la frontera con Estados Unidos.

Fue entonces cuando se vieron atrapados por los carteles y tuvieron que lidiar con la corrupción policial. Alex y Daniela recuerdan que, en los controles de carretera tuvieron que pagar a la policía 100 dólares estadounidenses (137 dólares canadienses) para evitar ser devueltos al punto de partida. Les pararon seis veces y tuvieron que pagar tres.

Pero la familia tiene recursos limitados. Así que cuando llegó el momento de elegir un coyote (contrabandista) para cruzar la frontera, optaron por uno que cobraba menos que los demás: 250 dólares estadounidenses (340 dólares canadienses) por persona.

Hoy, Alex se arrepiente de esta decisión, que resultó ser la peor y "el origen de nuestra desgracia".

Cuando llegó con Daniela y sus hijos al estado de Sonora, cerca de la frontera con Estados Unidos, los agentes de policía subieron al autobús. Todo parecía oficial: los uniformes, las placas, incluso los coches en los que llegaron. "Nos pidieron los pasaportes y nos hicieron un control migratorio", recuerda Daniela.

Según Alex, muchas personas, sobre todo indios y árabes, dieron entonces a la policía un número, un nombre en clave y algo de dinero, lo que les permitió seguir su camino.

Como no tenían nombres clave, Alex, Daniela, el pequeño Camilo y su hermana Amara se vieron obligados a abandonar el autobús con otros migrantes de Haití, Cuba, Venezuela y Colombia.

"Nos hicieron subir a furgonetas y nos llevaron a una casa solitaria", cuenta Alex. Sólo entonces revelaron su verdadera identidad, diciendo: "somos del cartel de Sinaloa. Ahora son nuestros rehenes. Si no pagan 2000 dólares (2740 dólares canadienses) por persona, no irán a ninguna parte".

"Todavía no sabemos qué haremos con los que no tengan el dinero", añadieron a modo de amenaza.

"Nos dijeron que, a partir de ahora, los migrantes tenían que tener un código secreto que les daba el traficante para poder cruzar", recuerda Alex. "Y nos dijeron que ya habían matado a algunos coyotes que no respetaban las nuevas normas. Por supuesto, su contrabandista no les había pagado nada".

Enquête también escuchó sus historias y las corroboró con migrantes que ahora están en Canadá. Los especialistas mexicanos confirman que los carteles gestionan efectivamente el tráfico ilícito de migrantes a través de la frontera.

De una pesadilla al infierno

Todas las personas cautivas en la solitaria casa del cartel de Sinaloa tuvieron que ponerse en contacto con sus familias por video para pedir ayuda económica. Cuando llegaba la confirmación de que el dinero había sido enviado, los delincuentes escoltaban a los rehenes para que fueran a recoger el dinero.

Alex y Daniela no pudieron reunir la cantidad de dinero exigida por los bandidos. Uno de los delincuentes les ofreció entonces utilizar al pequeño Camilo como moneda de cambio: si el niño se quedaba con él, podrían sobrevivir y continuar su camino hacia Canadá.

Uno de los delincuentes nos dijo: "los dejo seguir, pero me quedo con su hijo. Conmigo puede llegar a ser muy buen tirador, incluso un gran asesino", nos dijo Alex, el padre de Camilo y Amara.

Pero la pareja se negó. Más tarde, la mujer del jefe de los criminales, que quería un hijo, cayó rendida a los encantos del pequeño Camilo, un niño mestizo de pelo largo y rizado, ojos negros y una hermosa sonrisa.

 La mujer nos dijo: "déjeme al niño y váyase con su hija y el dinero que tiene".

La familia no quiso aceptar esta segunda oferta. Daniela pagó cara esta decisión: los delincuentes decidieron agredirla sexualmente en varias ocasiones. "Mi vida no ha vuelto a ser la misma desde el secuestro", admite Daniela con tristeza.

Daniela y Alex querían morir cuando ocurrieron los abusos sexuales. Pero tenían que proteger y salvar a sus dos hijos a toda costa.

No es raro descubrir casos de violación en los relatos de los migrantes secuestrados por los carteles, sobre todo cuando estas personas no tienen medios para pagar las sumas exigidas a cambio de su libertad. Una tragedia que queda impune ante la imposibilidad de encontrar a los responsables.

Finalmente, tras varios días, el jefe de los traficantes decidió aceptar como pago los 3500 dólares estadounidenses (4800 dólares canadienses) que habían logrado obtener de las familias en Colombia y Chile, y llevar a los migrantes a Estados Unidos.

Justo antes de cruzar, los delincuentes les pidieron que grabaran un video. Alex recuerda que todos los migrantes tenían que decir, uno por uno: "gracias al cártel de Sinaloa por ayudarnos".

Un futuro incierto

Camilo no habla mucho hoy; necesita terapia de lenguaje, y su madre está convencida de que habrá que evaluarlo para ver si tiene secuelas psicológicas.

"Mis dos hijos son pequeños. Quizá lo olviden cuando crezcan. En cuanto a mí, me lo pregunto. Ni siquiera sé si lo que hemos pasado ha merecido la pena... Pero no puedo rendirme; tengo que seguir adelante por mis hijos". 

Camilo tiene sólo 4 años. Tras sobrevivir al temido cartel de Sinaloa, el pequeño tiene que luchar cada día contra la enfermedad y el dolor que le provoca el tumor del cuello.

Además, tiene que vivir con miedo, sin saber si podrá quedarse en Canadá.

Con la colaboración de Romain Schué

Fuente: Radio Canadá | Martín Movilla

Adaptación: RCI | M.G.Aguzzi

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