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[Entrevista] Música clásica y rap en lengua maya de la mano de Salvador Chavajay

Salvador Chavajay es músico de formación. Indígena de tierras guatemaltecas, ha tenido la oportunidad de tocar para grandes audiencias. También ha trabajado como agricultor biológico, algo que lo conecta a sus raíces de San Pedro La Laguna. Este viernes lanzó su primer álbum, en el que hace un tributo a la música clásica, con letras de su creación, rapeadas en su lengua materna.

Pochette d'un disque avec un autochtone.

La portada de "Chavahaze", el primer disco del músico indígena Salvador Chavajay.

Foto: Cortesía / Salvador Chavajay - Nikamo Musik

Maria-Gabriela Aguzzi

Salvador Chavajay es entusiasta y habla de su trayectoria con energía y muchas risas. Es de origen guatemalteco y músico de formación. Pianista, de hecho. Eso le ha permitido estudiar y tocar no solo en su país natal y en Canadá, sino también en Italia y Costa Rica.

Este viernes presentó su primer disco, Chavahaze, y en él podrán escuchar el tributo que ha creado a grandes músicos clásicos como Bach y Chopin, acompañado de sus letras, rapeadas y en tz’utujil, su lengua materna, una de las 23 lenguas que se habla comúnmente en Guatemala, donde 80% de la población aún habla una lengua maya.

Salvador conoció sobre Quebec incluso antes de viajar y establecerse en estas tierras. Estando en su pueblo natal, San Pedro La Laguna, y habiendo estudiado piano en un conservatorio, el joven músico pasaba sus noches tocando en un hotel turístico cuya propietaria es una quebequense. Conocía a su hijo, pero cuando la mujer, una cantante de ópera, tuvo la oportunidad de encontrarse con Salvador, le propuso hacer varias presentaciones. Fue ella la que de alguna manera le introdujo Quebec al joven y le sembró la espinita de venir a latitudes menos cálidas.

Luego de un primer intento de venir, Salvador no logró obtener la visa para poder viajar, pero esto le abrió las puertas para ir a Italia a continuar sus estudios. Algo lo llamaba en Quebec, por lo que hizo nuevamente el intento y finalmente pudo viajar a esta provincia canadiense, en la que hoy reside, trabaja, crea y disfruta.

Une homme regard l'écran.

El pianista ha tenido la oportunidad de tocar para los Grands Ballets canadiens, la École supérieur de Ballet y para Ballet Divertimento, entre otros.

Foto: RCI / Captura de pantalla - María Gabriela Aguzzi

Desde que está en tierras canadienses, hace poco más de cuatro años, Salvador Chavajay ha logrado seguir estudiando con Jean-François Latour y Maneli Pirzadeh, así como con Suzanne Goyette, del Conservatorio de Montreal y Felipe Verduro, de la Universidad de Montreal. Pero también ha tenido la oportunidad de trabajar con los Grands Ballets canadiens, la escuela de ballet clásica de Haut-Richelieu y la Escuela Superior de Ballet.

En RCI quisimos conversar con este joven músico para conocer qué le inspiró hacer este disco en tz’utujil y sus sueños para el futuro, donde la música seguirá presente.

- Has estudiado en Guatemala, Costa Rica e Italia. ¿Por qué escogiste Quebec como destino?

- Yo vengo de un pueblo, San Pedro La Laguna, que es turístico. Allá empecé a tocar en restaurantes en las noches y luego en un hotel cuyos propietarios son de Quebec. Una vez me preguntaron si sabía leer música y les dije que sí. La cantante de ópera, la dueña, se sorprendió viendo que sí podía leer música, como que no lo podía creer porque era de un pueblo indígena. Así fue como cada vez que ella viajaba a Guatemala me llamaba para hacer conciertos y yo era muy feliz. En una de esas visitas me dijo que me quería ayudar, pero no era tan fácil tener la visa.

Luego, un cliente del hotel también me ofreció ayuda. Estaban buscando apoyarme, porque ya no tenía más recursos para continuar desarrollándome como músico. Ese cliente me dijo que tenía un amigo profesor de piano en Italia y me puso en contacto con él. Me fui a Italia y estando allá apliqué otra vez para la visa. Esa vez sí salió y así fue como llegué a Quebec.

- Has trabajado desde que llegaste a la provincia, pero no solo como músico…

- Me vine y comencé a hacer muchas cosas, musicalmente. Lo primero fue con una fundación que trabaja en un hospital de niños y allí tuve la suerte de conocer a una mujer, Esther Péladeau. Cuando la conocí le dije que era pianista, pero que no tenía piano. Ella me dijo: te voy a regalar uno y no me acuerdo bien, pero creo que pagó hasta por el traslado del piano, que aún conservo.

Trabajé también en el Centro Cultural de Beloeil, pero durante los veranos también he trabajado como agricultor biológico. Una de mis pasiones es la agricultura, pero biológica. Es sano para mí, porque mis padres y mis abuelos también son agricultores. Entonces no estaba tan estable, tenía que ganarme la vida.

Aprendí el francés en el campo, oyéndolo. No lo estudié. Me costó al principio, solo decía bonjour, pero ahora doy entrevistas en francés. Hablo también italiano.
Una cita de Salvador Chavajay, músico maya.

- ¿Cómo encontraste inspiración para hacer este disco, en tz’utujil, mezclando rap con música clásica?

- Con la pandemia perdí todo lo que venía haciendo. Tenía un amigo, músico, en Sherbrooke y le comenté sobre la idea del disco. Grabamos en su casa, en un estudio artesanal, pero muy bueno. Hace como dos años grabamos la primera canción. Lo hice realmente como un experimento y seguimos grabando. Luego presentamos el proyecto al Consejo de Artes de Canadá, pero nunca imaginé que íbamos a ganar la subvención. Cuando planifico mucho a mí no me funciona. Ya me había olvidado de eso. Recibí una llamada para decirme que nos darían la subvención y fue ahí que me puse nervioso, porque fue allí que se volvió como un compromiso.

No soy un rapero. Yo soy músico. Pero tiempo atrás un amigo de Guatemala, Dr. Nativo, me invitó a participar en su disco y el productor le dijo que en el álbum faltaba un rapero. Me invitó a hacerlo y le contesté que la verdad no era mi campo, es deicr, no es que empecé a rapear desde niño. Tengo la música en la sangre, sí, pero no ese género. Lo hice finalmente solo por probar y el productor dijo woooow, esto queda. Y fue así que descubrimos que tenía un poquito de talento para el rap (risas).

- Y ahora aquí estás, con un disco de música clásica mezclada con rap. ¿Fue un proceso complicado conseguir la subvención y la creación del disco?

Un homme assis dans une chaise.Ampliar imagen (nueva ventana)

Salvador Chavajay es pianista de formación, pero en Quebec también ha trabajado como agricultor biológico.

Foto: Cortesía

- No puedo decir si fue fácil o difícil tener la subvención. Yo solo sé que la gané y fue cuando no esperé nada. Cuando hice la audición no esperé absolutamente nada. Pero cuando escucharon las dos primeras canciones, los del Consejo de Artes, que también son artistas, pensaron que había algo por desarrollar. Fue ahí que vino la presión. Me dije: Mamma mia.

Luego de eso una amiga que trabaja en el medio del cine me puso en contacto con Samian, un artista de Quebec, y le pidió que me ayudara a sacar el disco. Él lo aprobó. Se tardó un poco, porque siempre está ocupado, pero sí lo hizo, con su disquera Nikamo Musik.

- Por lo que me cuentas hacer este disco parece haber sido un proceso muy orgánico. Pero además lo haces en una lengua maya. ¿Qué se siente tener la oportunidad de poner sobre la mesa la importancia de las lenguas maya, que se hablan cotidianamente en tu país de origen?

- En Guatemala el 80% de la población habla una lengua maya y en total son 23 lenguas, con diferentes acentos.

Hice el rap en su totalidad en tz’utujil porque es más fácil, más natural para mí, rapear en mi lengua que en español. El español lo aprendí en la escuela y viene siendo mi segundo idioma. El tz’utujil es mi lengua materna.

Yo todavía estoy en shock. No lo puedo creer. Yo conozco mis raíces. Vengo de una familia con mucho talento. Yo no conozco la pobreza. Crecí en una familia donde había maíz, frijol y pescado. Crecí en un área agrícola, pero es al final un pueblo, entonces sí tenía ciertos límites para crecer como músico (…) Cuando me gradué en el conservatorio, a los 17 años, mi papá lloró y me dijo que al final me había hecho como un daño porque yo lo que quería era un piano que costaba 200 mil, 300 mil dólares. Nunca olvidaré que mi primer piano me lo regaló una canadiense.
Una cita de Salvador Chavajay, músico maya.
Un homme devant un piano.Ampliar imagen (nueva ventana)

Chavajay ha tocado en Canadá, Costa Rica, Italia y su Guatemala natal.

Foto: Cortesía

-¿Qué quieres para el futuro?

La verdad es una responsabilidad. Ahora es que viene el trabajo. He hablado con algunas personas y voy a participar en varios proyectos. Es posible que participe en algunos festivales el verano que viene y también quiero hacer algunas presentaciones en mi pueblo, en Guatemala. Antes solo tocaba piano y ahora tengo que tocar piano y rapear.

Uno de mis sueños, tal vez no ahora, es producir música para otros. Quiero seguir en el ámbito musical en Quebec, tener ofertas de colaboraciones. Ya hice una con Samian. No soy persona de colaborar con todo el mundo, así que creo que voy a tener el privilegio de escoger con quién me conviene hacerlo. Me gustaría también trabajar con indígenas de acá.
Una cita de Salvador Chavajay, músico maya.
Maria-Gabriela Aguzzi

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