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Columbia Británica se compromete a enmendar la internación de japoneses canadienses

Una familia japonesa-canadiense de la Columbia Británica es forzada por el gobierno de Canadá a trasladarse a un campo de internamiento en 1942.

Una familia japonesa-canadiense de la Columbia Británica es forzada por el gobierno de Canadá a trasladarse a un campo de internamiento en 1942.

Foto: Bibliothèques et Archives Canada

RCI

El primer ministro de la provincia de Columbia Británica, John Horgan, se comprometió el pasado 21 de mayo a destinar 100 millones de dólares para tratar de remediar los efectos duraderos del internamiento de japoneses-canadienses en la provincia durante la Segunda Guerra Mundial.

Horgan hizo el anuncio el sábado en el Centro de Artes Marciales de Steveston, el dojo de estilo japonés más antiguo en América del Norte, que se encuentra en la localidad de Richmond, en la provincia de Columbia Británica.

Ese compromiso se produjo durante la conmemoración de los 80 años del ingreso forzado de japoneses canadienses a los campos de internamiento ubicados en lugares como Greenwood, Kaslo, New Denver, Slocan City y Sandon, en 1942.

Esta dotación de fondos no cambiará el pasado, pero garantizará que las generaciones que aún están con nosotros, y las que vendrán después, tengan la oportunidad de ver cómo sale algo positivo de lo que fue claramente un período muy, muy oscuro en nuestras historias colectivas, dijo Horgan en la conferencia de prensa del sábado.

La provincia dijo en un comunicado de prensa que más del 90% de los canadienses japoneses en Columbia Británica fueron detenidos y despojados de sus hogares, posesiones y negocios durante la Segunda Guerra Mundial.

La dotación de fondos, que será proporcionada a través de la Asociación Nacional de Canadienses Japoneses (NAJC por sus siglas en inglés), apoyará los programas de salud y bienestar para los supervivientes de la época de internamiento, la restauración de los sitios del patrimonio, la creación de un monumento para honrar a los supervivientes, y la actualización del plan de estudios de la provincia para reflejar esta historia.

La presidenta de la NAJC, Lorene Oikawa, dijo en el anuncio del 21 de mayo que aproximadamente 22.000 japoneses canadienses fueron desarraigados a la fuerza en Columbia Británica.

Se quedaron sin nada, y tuvieron que empezar de nuevo. Y lo hicieron. Esto es muy personal, es mi familia. Son sus familias, dijo Oikawa.

La provincia dice que la financiación se fundamenta en una disculpa del gobierno de la provincia en 2012 por los agravios cometidos y responde a una propuesta de reparación presentada en 2021 por el NAJC.

Un grupo de hombres rodea una nueva escultura en roca.

Inauguración de una instalación artística en Columbia Británica en conmemoración del internamiento en campos de detención de miles de japoneses-canadienses durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Radio-Canada

Un robo legalizado

La provincia afirma que alrededor de 6.000 personas que fueron internadas todavía están vivas. Una de ellas, Keiko Mary Kitagawa, de 87 años, superviviente del campo de internamiento, habló durante el evento del sábado.

Kitagawa, que nació en la isla de Salt Spring, dijo que su familia y la gente de su comunidad perdieron sus barcos de pesca, granjas, negocios, casas, objetos personales y vehículos, entre otras muchas cosas. Fue un robo legalizado, dijo.

Los recuerdos de su padre, al que se lo llevó la Real Policía Montada de Canadá en 1942, cuando ella tenía sólo siete años, volvieron a su memoria. Todo el sufrimiento volvía a mí, es un trauma del que no puedo deshacerme, dijo Kitagawa.

Después de seis meses de trabajo físico en la construcción de una carretera, el padre de Kitagawa tuvo la opción de reunirse con su familia, pero con la condición de que se trasladen a la provincia de Alberta, en el centro del país y lejos de la costa, para trabajar en una granja de remolacha azucarera.

El cultivo de la remolacha azucarera realmente fue como la esclavitud. Era un trabajo duro y vivíamos en una choza diminuta, no apta para seres humanos, contó Kitagawa.

Toda su familia, incluyendo los niños y los abuelos jubilados, fueron obligados a trabajar en el cultivo de la remolacha azucarera.

La familia fue trasladada a diferentes campos de internamiento en Alberta y Columbia Británica hasta 1949, cuando el gobierno de Canadá concedió la libertad a los japoneses-canadienses.

Muchos, como mis abuelos, perdieron el disfrute de una jubilación, por la que trabajaron toda una vida para conseguirla, dijo Kitagawa. Muchos como mis padres perdieron los años más productivos de sus vidas.

Fuente: CBC / M. Gomez / J. Hamilton

Adaptación: RCI / R. Valencia

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